Por la ventana de mi derecha escucho una orquesta tocando "15 años tiene mi amor" y "Paquito, el chocolatero". Además, y como gran novedad, llevan un clarinete solista que tiene la particularidad de que es omnipresente, es decir, que no para de tocarse acompañando con su insoportable sonido agudo todas las canciones, desde la última de Shakira al "Sarandonga". Me cago en la madre que le parió al tío, como baje lo mato.
Pero esto no es todo. Por la ventana de la izquierda tengo un edificio okupado y hoy, también con motivo de las fiestas han decidido organizar un macroconcierto con grupos con nombres del estilo de "Tókame la polla", "Eskarba en la mierda", "Defekación sangrienta" "Apocalipsis brutal", etc... (Paro para que no me cojan ideas)
El "bailongo" de mi derecha está vacío a excepción de cuatro viejetes y unos cuantos emigrantes (espontáneos resurgidores de fiestas decadentes), pero como el clarinete está contratado, pues no va a dejar de joderme la vida hasta las 3 de la madrugada.
La zona de guerra de mi izquierda está llena de jóvenes de pintas indescriptibles (es alucinante la cantidad de tiempo que deben dedicar los punkies a su estilismo personal), aparentemente simpáticos si no fuera por las decenas de botellas rotas, vómitos y restos de comida del chino de al lado que van a dejar en la plaza por la que he pasado esta noche y por la que voy a pasar mañana por la mañana. El cantante de, por ejemplo, "Exterminación detrítica", acaba de gritar la palabra "Resistencia". Y claro, yo me cago en la puta madre que le parió, porque el que se tiene que resistir las ganas de convertirse en francotirador soy yo, y él sólo piensa en atiborrarse a cervezas esta noche.
Delante de mi, mi ordenador, que intenta, sin éxito hacer llegar a mis oídos mi última adquisición musical (Golden Smog). También puedo cerrar las ventanas, pero moriría de asfixia, porque mi pueblo como el de todos, decide organizar las fiestas en plena canícula.
Mañana trabajo y, vale, el alcalde no tiene la culpa de eso y lo asumo. Pero aprovecho para hacerle una sensata, antipopular y burguesa petición. Gaste el dinero de las fiestas en cursos gratuitos para aprender a tocar instrumentos o para no abusar de ellos una vez que se saben tocar (por el hijo puta del clarinete). Derribe el centro okupado (a ser posible con todos dentro) y levante un gimnasio, un barcito con tapitas y una piscina cubierta, que me vendría muy bien.