Tras la censura fascista a Pepe Rubianes, la derecha más reacionaria busca una segunda víctima: la concejala de las Artes del Ayuntamiento de Gallardón. Es independiente, es catalana y es competente.
"Lo que mejor puede hacer Alicia Moreno, por su propia salud mental, es abandonar el equipo de Gobierno del PP, al que ella pertenece, aunque esté como independiente, y que ha sido apoyado mayoritariamente por los madrileños bajo las siglas del PP".
Quien dice esto no es Carod-Rovira. Es Francisco Granados, secretario general del Partido Popular madrileño. El objetivo es Alicia Moreno Espert, concejala independiente del ayuntamiento de Gallardón. La causa es su público disgusto con el cariz fascista e intolerable que ha tomado esta censura debido a presiones institucionales y de grupos ultraderechistas ("cientos y cientos de llamadas y correos eletrónicos" que asustaron a la concejala : "Cuando hablé ayer con Pepe Rubianes me sentí realmente asustada, como nunca antes lo había estado").
La rápida reacción visceral de Granados contra la concejala ha sorprendido tanto que ha tenido una repercusión mediática más amplia incluso que el propio asunto de Rubianes, especialmente en la prensa de la derecha como Libertad Digital, La Razón o El Mundo (enlace de pago). Conste el dato de que La Razón obvia esta frase de Granados, y El Mundo y El País no ponen la palabra "mental", a pesar de que el teletipo en el que se basan estas informaciones, de Europa Press, sí que lo recoge.
Tanta movida interna contra una concejala popular hace sospechar. Sobre todo cuando se sabe que esta mujer es catalana, no es militante y es muy de la cuerda del "apestado" Gallardón (contra el que no se atreven a disparar mientras gane la alcaldía madrileña). Además es sensata. Entre otras cosas, estuvo en la famosa boda homosexual oficiada por Gallardón a principios del verano, que tantas criticas provocó entre los populares.
Decía Muñoz Molina en una carta al director en El País en defensa del cosmopolitismo madrileño y de la ausencia de catalanofobia en Madrid, que en Cataluña sería impensable una concejala de las Artes madrileña. Pues esto se acaba. La caverna va a por ella, Gallardón se pliega y calla, y los aprovechados disparan contra la imagen de Madrid: "Estoy alucinado por el cosmopolitismo del alcalde de Madrid, que se ha pasado la vida dándonos lecciones a los catalanes de que somos gente cerrada, de mentalidad estrecha, sólo preocupados por la identidad y la lengua, mientras que ellos son cosmopolitas, universales, abiertos, de mentalidad flexible" (Artur Mas, de CiU, ese partido especialista en censurar a artistas no nacionalistas). Pero es lo que hay. En Madrid tenemos el Gobierno que nos merecemos.