Entre los curiosos mezclados con los periodistas había turistas, curiosos, eternos reclamantes al alcalde y un ilustre agregado. El escritor Álvaro Pombo puso una nota divertida en la fiesta.
Tanto revuelo de cámaras en la Plaza Mayor atrajo a un buen número de curiosos que pasaban por allí. Un turista que se cree que va a ver a un jugador de fútbol, un ciudadano que pregunta qué se reparte aquí, un tipo con una declaración escrita, vete a saber de qué, que se empeña en leernos a la cámara... Pero de todos los presentes, llamó pronto la atención el escritor y filósofo cántabro Alvaro Pombo. Vestido de impoluto blanco y sombrero de paja, su presencia no parecía casual. Pombo acaba de publicar "Contra Natura", un libro sobre el homosexual en España, con referencias a la nueva ley que permite lo que se celebraba.
Pronto llamó la atención. Estaba hablando con Luis Magán, el fotógrafo de El País, al que me acerqué a saludar (fue profe mío). Me incorporé a su conversación. Pombo, entusiasmado con el acontecimiento que se celebraba, elaboraba en voz alta sus teorías sin parar de hablar. Se lo estaba pasando pipa clamando contra la hipocresía del Partido Popular. Mucho juego le dio la hoja de El Mundo del jueves con una enorme fotografía de los contrayentes que me había traído para reconocerlos. Fue divertido hasta que comprobé que su conversación no tenía fin conocido. Magán ya se había escabullido y yo, tuve que hacer lo mismo no sin antes escuchar de su boca que gritaría ¡Vivan los novios! en cuanto los viera.
Cuando llegaron yo ya me había subido al salón, así que no lo vi. Sin embargo, más tarde, al ver lo que había grabado mi cámara lo pude oir bien claro. Por encima del ruido de los fotógrafos y las preguntas de la prensa, un grito se oyó bien nítido. ¡Vivan los novios! Cumplió su promesa. Un gran tipo.