Reparado del susto me asomé y pude ver a Fidel saludando al Rey. Volví a mirar el arma y empecé a descartar que su dueño fuera un asesino. Posada Carriles habría utilizado un fusil con mira telescópica y este no la tenía, era viejo y estaba arañado. Un ruido me sobresaltó y acabó con mis disquisiciones.
Si no lo has hecho ya pasa antes por el capítulo II o el capítulo I.Alguien subía por la escalera. No tenía salida, o me encontraba con ¿? o me tiraba de la torre. Pronto encontré respuesta a lo ocurrido. Un chavalín de no más de 19 años vestido de Guardia Civil asomó su cara por el habitáculo. No se cuál de los dos tenía más miedo. Estaba claro que el muchacho era el responsable del arma, y que seguramente venía de hablar con su compañero apostado, presumiblemente, en el otro campanario. Cruzamos miradas de espanto y balbuceé:
- ¿Sabes dónde están los de Telemadrid?
- Baja las escaleras y el primer pasillo a la derecha.
No hubo más palabras. Por un momento él ya se veía expulsado de la Guardia Civil y yo en un cuartelillo, así que ambos apostamos por continuar nuestras vidas como si nada hubiera ocurrido.
Aún me dio tiempo a ver algo del espectáculo junto a los de Telemadrid. El himno, los saludos, la grada montada al efecto, y poco más. Me fui de allí con el susto en el cuerpo pero con una historia curiosa que contar.
Tuve un segundo encuentro con Castro menos peligroso aunque más misterioso. No le pude ver la cara, pero tuvo algo especial. Fue en La Habana.
Continuará.