Iba a ver a los asistentes a la Cumbre Iberoamericana, entre ellos a Fidel y al Rey desde un lugar privilegiado. Lo que no sabía es que ese lugar iba a ser una especie de puesto de caza desde el que podría dispararles a ambos, y que la Guardia Civil me suministraba el fusil.
Si no has leído el capítulo I pasa antes por aquí.
El día de la recepción en el Palacio de Oriente me acerqué hasta la catedral de la Almudena. Estaba todavía en obras, así que aquello era un conglomerado de vallas, obreros y maquinaria. Al llegar había visto la llegada de algunos de los coches oficiales de los mandatarios latinoamericanos y como no quería perderme la esperada llegada de Fidel Castro me dirigí rápidamente a uno de los accesos laterales y pregunté por los de Telemadrid. No me pidieron ninguna acreditación, pero debí de ser convincente porque me dejaron pasar y me indicaron que subiera unas escaleras hasta llegar a la azotea. Fui hacia ellas a buen paso mientras contemplaba la aberración arquitectónica en la que nuestras autoridades socialistas se estaban gastando el dinero de los ciudadanos. Subí la escalera que, como supe después, llevaba a la torre izquierda de la fachada. Me equivoqué porque Telemadrid estaba situado en la terraza aneja a la torre derecha. Yo, como no veía ni oía a nadie, seguí subiendo con cierto respeto por la oscuridad, la solemnidad y la provisionalidad del edificio. Cuando se me acabaron las escaleras me encontré con una sorpresa. Había llegado a lo alto del campanario, y sobre la ventana había un fusil.
Unas decenas de metros por debajo, un grupo de personas gritaba: ¡Fidel, Fidel!.
En centésimas de segundo pasaron por mi cabeza muchas posibles decisiones: la más sensata era salir corriendo y olvidarme de lo que había visto; La segunda era hacerme el héore y evitar un magnicidio agarrando el arma y acudiendo a la policía; La tercera era quedarme paralizado; La cuarta, cotillear, ver el arma y sacar conclusiones más fundadas sobre lo que me había encontrado. Opté sucesivamente por la tercera y la cuarta.
Continúa.