España, ¿Estado sin Nación?
Eso es lo que opina, hoy en La Razón, Vittorio Messori. Su artículo se titula "El viento balcánico puede sacudir España". Me lo he leído entero a pesar de ser más malo que un dolor.
Dice tantas sandeces y hace unas interpretaciones tan poco fundadas que me ha extrañado que entre tantas simplezas haya escrito un magistral párrafo. Me extraña tanto que he llegado a pensar que se trata de un corta y pega de otro autor. Hace una comparación entre Italia y España y llega a la conclución de que "no parecen infundados los temores de quienes ven acercarse un futuro yugoslavo para España". Pero esto no es, a mi juicio, lo más interesante del artículo (para eso, es más divertido escuchar a Aznar), sino el texto con el que fundamenta su análisis y que transcribo a continuación.
"A esta especie de necesidad de agredirse por cuestiones religiosas, políticas, ideológicas, dinásticas, se ha añadido siempre el conflicto territorial. España es, en esto, todo lo contrario de Italia. Es uno de los Estados más antiguos de Europa, pero no ha conseguido nunca convertirse verdaderamente en una nación. Mientras, en el caso de Italia, la unidad estatal es un logro reciente, pero el sentimiento nacional está entre los más antiguos, remontándose incluso a la época del Imperio Romano, y no se ha diluido nunca, gracias, sobre todo, al hecho de que las élites culturales y políticas, de Lombardía a Sicilia, eligieron adoptar el toscano como lengua común. El matrimonio entre Isabel de Castilla y Fernando de Aragón en 1469 llevó a la unidad de gran parte de la Península Ibérica, pero sólo en la fidelidad a los soberanos, no en la construcción de instituciones comunes. Lenguas, tradiciones, parlamentos, aranceles, fuerzas del orden, quedaron siempre separados y ni con los esfuerzos desesperados de Olivares, el Conde Duque de manzoniana memoria, se consiguió crear, al menos, un ejército común. No consiguieron la unidad ni las medidas draconianas de los Borbones en el XVIII, ni las de los gobiernos burgueses del XIX, ni las de Franco en el siglo XX. Es más, éstos -por la habitual "heterogeneidad de los fines" que aflige a los regímenes autoritarios- provocaron el efecto contrario."
Magistral por lo resumidito y por lo acertado de la comparación, aunque no novedoso. Aunque comparto su análisis, yo no soy tan negativo. A pesar de los impedimentos, creo que España, poco a poco, y con sobresaltos, va camino de ser una nación. A las tendencias centrífugas hay que oponer otras centrípetas: sucesivas emigraciones internas y del extranjero, globalización económica a nivel nacional (con El Corte Inglés como máximo exponente) e internacional, influencia del turismo (con sus bailarinas sevillanas, sus toros y... ¡los sombreros mexicanos!), el fútbol (hasta Oleguer va a la selección)... Yo creo, por tanto, que no hay que dramatizar. A lo mejor hay que dejar actuar a estas poderosas fuerzas centrípetas (más poderosas que la mayoría de ridículas disposiciones legales de imposible aplicación de estatutos y ordenanzas, como sería, por ejemplo, el caso de la venta de souvenirs catalanes) para que el tiempo certifique lo que algunos se niegan a aceptar, que guste o no, todos somos españoles y no hay vuelta atrás. El otro lado está en saber frenar las revoluciones por minuto de las fuerzas centrífugas, y en esto es donde el Gobierno no está siendo todo lo hábil que debiera. No obstante no hay que confundirse. En la historia del estatut, el que más va a fracasar no es ZP, que al fin y al cabo puede presentar el resultado como el justo medio arístotélico frente al acoso de los noes del centralismo y del nacionalismo extremo. El rídiculo mayúsculo es el de todas las fuerzas políticas catalanas, empezando por la esquizofrenia de ERC, y acabando por el malabarismo oportunista de CiU, pasando por la decepcionante experiencia de gobierno de PSC, que no hace sino constatar que Cataluña está lejos de ser una nación creíble, y menos aún un Estado creíble.Quizás con una protocolaria cesión de lo nacional (ya que carecemos de ello en cuanto totum geográfico) consigamos caminar hacia una unidad en la práctica. Al fin y al cabo, si Valencia se empeña en ser un reino sin rey, con un idioma que no es tal, Cataluña una nación sin Estado y sin el seny del que tanto ha presumido, Andalucía una realidad nacional sin nación y sin realidad, y España un estado sin nación y encima regañao, es posible que la solución pase porque cada uno se asiente como quiera, siempre que la silla esté tapizada con piel de toro. Esto tiene un nombre: Estado Federal. Conviene que, con responsabilidad, todos los interesados se pongan a la tarea de construirlo para evitar que en vez de eso, acabemos encontrándonos con un indeseable Estado Confederal.
El artículo entero de Messori está disponible para suscriptores en La Razón.


de dijo
dddddddddddd
6 Octubre 2007 | 01:35 AM