Algunos historiadores rechazan como ejemplo y como antecedente democrático la II República española. La juzgan por la guerra que siguió después y la responsabilizan, como ente genérico, del fatal final que tuvo. Hoy en ABC escribe Manuel Fernández Álvarez, de la Real Academia de la Historia, lo siguiente:

Las urnas sólo eran respetadas por el vencedor, ¡y no siempre! Al año de nacer la República se produce el golpe de Estado del general Sanjurjo. Y cuando triunfan las derechas en 1933, las izquierdas radicales responden con la Revolución de octubre de 1934, especialmente grave en Asturias, pero con su eco separatista en Barcelona. De modo que en 1936 media España se preguntaba cuánto tiempo tardaría en ser desbordada la República por un nuevo alzamiento. Pero ¿sólo el militar? Porque daba la impresión de que también la izquierda radical preparaba el suyo. Acaso porque aquellos vivas a Rusia de las manifestaciones rojas eran como una amenazadora advertencia. ¿Fue eso lo que empujó a militares republicanos como Aranda a sumarse al levantamiento organizado en el norte de España por el general Mola? Su alocución el 20 julio de 1936 resulta llamativa: él no se alzaba contra la República, sino precisamente contra sus enemigos.(...) De ese modo, los que vivimos esperanzados los comienzos de una República brillante y moderna, capaz de entusiasmar, nos encontramos viviendo una situación cada vez más angustiosa que propiciaría el golpe militar.

No son momentos comparables la República y la Transición. La violencia que hubo durante la II República fue mayor. También era otro el contexto internacional y nula la experiencia democrática en España. Pero si trasladamos los argumentos de este párrafo a 1975-1981, ¿no concluiríamos que la actual democracia fue durante un tiempo un desastre que nos abocaba a la guerra civil? Ya desde antes, la muerte de Carrero Blanco, luego los muertos y la represión en las manifestaciones de estudiantes, los grupos de ultraderecha administrados por la policía atacaban sin control. ¿Cuántos intentos de golpe de Estado hubo en esos años? Varios, uno muy sonado ¡seis años después de muerto Franco, y salvado in extremis! Y aquí también los golpistas aducían su intención de salvar a España de su desintegración, de la violencia, de los desmanes. ¡Pero si si lo hacen aún estos días los Mena, Tejero y otros propagandistas salvapatrias! ¿Qué clase de argumento es ese para justificar o comprender que se hiciera lo que se hizo? Y violencia, ¿Cuántos muertos de ETA?, ¿cuántos de Grapo? ¿Cuántos del GAL? ¿Cuántos de la policía y lde la Guardia Civil? ¿Cuántos torturados? Sin embargo a nadie se le ocurre culpar a la democracia naciente de esos desmanes. Se culpa a los extremistas que los provocaron-usaron. Pero el autor sentencia "una situación cada vez más angustiosa que propiciaría el golpe militar". Las situaciones no dan golpes de estado, los dan los militares, los provocan personas que rechazan la democracia. ¿Era la guerra civil un mal genético en el ADN de la República, o fue la consecuencia del triunfo de las intolerancias? La República tuvo enemigos de uno y otro lado, pero aquél proyecto fallido es un orgullo para todos los españoles, especialmente para todos los nietos de los hombres y mujeres que en aquella generación creyeron en un futuro como el que ahora tenemos.