Hace tres años fue asesinado en Bagdad. Hoy su imagen más popular es su rostro serio encuadrado en fondo blanco entre las letras: Jose Couso... asesinado y un REC, grabando. Yo en cambio le recuerdo sonriente, el gesto que más prodigaba con todo el mundo. Esa sonrisa ladeada que ponía incluso ante las adversidades. Era una adversidad estar en Bagdad en plena guerra, haciendo un trabajo que le costaría la vida a él y a decenas de periodistas más.

No recuerdo el día exacto que le conocí, pero sí que durante bastante tiempo fue casi el único cámara con el que me relacioné. Yo por aquél entonces no salía nunca a grabar a la calle, por lo que no tuve oportunidad de trabajar directamente con él; una pena porque todos le querían para currar. Era de los mejores tanto con el manejo de la cámara como trabajando en equipo con el redactor. Aun así hablábamos con frecuencia en la redacción y mostraba mucho interés en mi trabajo cuando yo andaba enfrascado en los inicios de la página web de Informativos Telecinco. Como a mi lado se sentaba una gallega, eran numerosas sus visitas y las conversaciones.
Cuando comenzaron la invasión de Irak y los bombardeos sobre Bagdad, eran continuos los directos que realizábamos con Jon Sistiaga. Algunas veces me tocó bajar al control de sonido a hacer una tarea muy sencilla pero que habitualmente nos desagrada porque hay que bajar las escaleras. Ahora el procedimiento ha cambiado pero en aquel entonces antes del directo había que ir a sonido para llamar por teléfono al redactor, a Jon en este caso, para que estuviera prevenido. La conversación apenas duraba unos segundos antes de pasarla a los técnicos y al estudio, pero era emocionante. Para ellos era una alegría encontrar una voz amiga al otro lado. Un qué tal, un estáis bien, qué fea está la cosa, qué se cuenta el Couso, y rápido me demandaban la llamada. Durante las piezas, entre los directos, las conversaciones con los presentadores en el estudio eran algo más largas, y a veces se ponía José para llenar de alegría a todos los que escuchábamos. De una de esas conversaciones surgió la idea de que un día no sólo Jon hiciera la crónica desde Bagdad, sino que también José participara con su punto de vista. La idea era mostrar que había más gente tras Jon y darle a su familia el gusto de escucharle por televisión, así como reconocer su trabajo profesional. Pocos días antes de su muerte, Couso entró en directo en el informativo de Àngels Barceló. Todo el mundo en la redacción le escuchamos con orgullo... por última vez.
El 8 de abril de 2003 nos despertamos con la noticia. Un tanque norteamericano había disparado contra el Hotel Palestine donde se encontraba la prensa internacional. Habían dado a José Couso y a otro cámara de Reuters. Ese día yo no trabajaba porque estaba de baja, así que me fui informando a través de llamadas a la redacción. Jon había comunicado a Juan Pedro Valentín que Couso tenía una pierna destrozada e importantes heridas en barbilla y torax. Lo llevaron al hospital San Rafael de Bagdad. A la misma hora yo también fui a un hospital para someterme a una intervención menor. Antes de entrar en quirófano recibí la noticia de que José estaba siendo operado pero que parecía que no corría peligro de morir, que perdería la pierna pero no la vida. En mi moderno hospital, mientras el cirujano intervenía en cierta parte innoble de mi anatomía no paraba de pensar con qué gusto le hubiera cambiado el quirófano en el que me encontraba por el suyo. Yo estaba en un quirófano nuevo y limpio, con un cirujano, una estudiante, cuatro enfermeras y todo tipo de instrumentos para evitar la más mínima complicación de una intervención rutinaria con anestesia local. Él estaba en una sucia sala de un hospital en guerra. Cuando salí de la operación le pregunté a mi padre por Couso. "No se sabe nada todavía", me dijo. Sólo cuando estuvimos solos poco después me dijo la verdad. Jose Couso no sobrevivió a una insuficiencia respiratoria tras la intervención quirúrgica. Si hubiera estado en mi hospital, le habrían salvado aquellas máquinas que a mí me sobraban.
Los siguientes fueron días de discursos, recuerdos emocionados y rabia contenida. Todos los que estuvieron con él en Bagdad reconocían lo bueno, lo divertido, lo simpático, lo amable que era. También en las piezas de los informativos, en las ruedas de prensa. Palabras que escuchas ante todos los feretros. Sentía rabia de no poder decir al mundo entero que en este caso, todo lo que se decía de él era pura verdad, que era el mejor en su trabajo, que su sola presencia animaba la cara a cualquiera y que era la mejor persona que había pisado la redacción. Y que si alguien tenía que morir en aquel hotel, no había derecho a que fuera él.
Tres años después todos aún lo tenemos presente, con el dolor de que no se haya hecho justicia. Algunos han tomado su imagen como bandera contra las guerras, como bandera por la libertad de información. Otros van mas allá y lo convierten en bandera contra el imperialismo. Y aún otros, despreciables débiles mentales han tratado de desacreditar a estos últimos diciendo que Couso era un soldado imperialista por trabajar para una empresa capitalista. José tan sólo era un periodista comprometido con su trabajo, que se ofreció para informarnos a todos de lo que ocurría en Iraq. Era un alma joven de 37 años enamorado de su familia (dejó dos niños) que nos alegró la vida mientras vivió a todos los que tuvimos la suerte de conocerle.
10 comentarios
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Yo también lo siento pero creo que es hora de que se deje descansar en paz a Jose Couso.
El fue voluntariamente a una guerra y en esos escenarios te arriesgas a que ocurra. No es el único. El hijo de Anguita también murió y su familia se comió el marrón en la intimidad.
Después de varias sentencias desfavorables, se sigue insistiendo en los tribunales.
Más víctmimas me parecen los habitantes de Irak, que primero tuvieron que soportar a un sanguinario dictador y después no fueron a una guerra, que se la llevaron a la puerta de sus casas.
Creo que es hora de brindar por José y dejarlo
descansar en paz.
El ya descansa en paz. Quién no puede descansar en paz es su familia que no ve que se haya hecho justicia. Eso es muy duro, y el olvido en esas circunstancias más todavía. Por la justicia no hay que dejar de luchar. La muerte de Anbguita es igual de terrible pero hay una diferencia. Anguita estaba empotrado en un ejército y por tanto estaba expuesto a ser disparado. Couso cubría la información en un país en guerra, y eso es arriesgado, pero en un lugar habilitado por los periodistas, y fue asesinado. Anguita fue una víctima colateral de un ataque. Couso fue asesinado por un ejército.
Esto es así y por eso su caso trasciende la simple muerte de un periodista. La impunidad de su asesinato nos pone en riesgo a todos los periodistas y nos garantiza a todos que no tendremos información independiente el próximo conflicto. Aún así a mí me cuesta ver a Couso como una bandera porque le conocí y sólo puedo recordarlo como era, una persona maravillosa. Pero su muerte debe servir para algo, y en esa lucha su familia tiene mi apoyo.
Ya es duro, para una familia, perder un ser querido. Si además de esa pena debe llevar la cruz de una injusticia...Mi apoyo también lo tiene. No les servirá de mucho, pero lo tienen.
El meollo de toda esta historia en torno a Couso es que fué asesinado y se conoce a sus asesinos y, se pide justicia...,como es lógico.
Salud
Felicidades por el texto. Es un bello homenaje.
Justicia y verdad son las metas que siempre deben llegar a completarse, en este caso lo amerita como en miles que hay por ahí dembulando en imperfectas razones.
Excelente artículo y homenaje/
Ese que firma con el nombre de José Couso, no sé como definirle pero desde luego lo que es seguro es que no tiene dignidad
He eliminado el mensaje de mal gusto al que hace referencia Pepetxu.
No creo que se deba tratar a José Couso como a un mártir, fue un trabajador de una cadena privada que murió en un conflicto bélico como tantos otros; creo que todo el que acude a un conflicto de estas características sabe a qué se expone y existe un peligro de fondo que todos quieren negar hasta que ocurre una desgracia com esta.
Yo no lo veo tan claro, Manel. Tú te arriesgas a que te metan un tiro en una calle mientras vas con una cámara, a que la metralla de un misil te afecte por cercanía incluso a que una bala rebote y te atraviese el corazón. A lo que no hay derecho es que un tanque envíe un misil a un hotel en el que sólo hay periodistas. Eso no se puede consentir y eso no se ha investigado. También mataron a su compañero en Haití, supuestamente por otra bala militar.
Si un periodista se mete en un fuego cruzado su riesgo puede ser recompensado con el Pullitzer o con una esquela, pero nunca puede dispararse a un periodista o civil, porque lo que puede contar es incómodo. Y este y el otro parecen ser los casos.