Comienza la marcha. Un miembro de la organización (el que impidió que uno de seguridad nos pegara) trata inutilmente de imponer sus consignas.
Si no lo has hecho, lee antes el Capítulo I.
¡Zapatero, dimisión! es lo que grita la gente. Desde el principio queda muy clara la (respetable) intención de la mayoría de los asistentes: clamar contra Zapatero. La organización quiere centrar las consignas en las víctimas, en ETA, y en la presunta futura negociación: ¡En mi nombre, no!, ¡Memoria, Dignidad y justicia!, ¡No son presos, son asesinos! El hombre del megáfono insiste con fuerza, pero se cansa. De fondo sólo se oye, ¡Zapatero, dimisión! Baja el altavoz, mira al amenazante cielo y afirma con un suspiro: "nada, que no hay manera". Más adelante consigue su objetivo, aunque sólo por unos momentos. Lo que no consigo oir en ningún momento es un simple ¡ETA, no!. Llamo a mi compañero, en medio de la manifestación. El sí lo ha oido pero tímidamente y de forma muy aislada.
La impresión es que estamos ante otra manifestación del Partido Popular, la octava en nueve meses, contra el Gobierno. La presencia de sus militantes es activa. Una mesa a mitad de camino recoge firmas contra el Estatut. Más adelante veo a un joven no acreditado que corre calle abajo con un libro de firmas contra el Estatut pidiendo adhesiones desde la zona acotada delante de la cabecera. Una mujer le llama. Presto, el militante, acude a recoger la que sería la firma 2.100.000. Uy, la mujer, una anciana maquillada y vestida al uso del barrio de Salamanca en el que nos encontramos, sólo le llamaba para expresarle que ella ya había firmado. Otras mesas venden libros de Pío Moa a una audiencia que les debe parecer proclive a creerse las mentiras de un revisionista que quiere redimir a Franco y su golpe.
Más pancartas: una persona porta una hecha a mano: "Zapatero, vete con tu abuelo". A su altura cientos de personas corean el lema. Ahora la manifestación pasa a tratar el tema de las víctimas de la Guerra Civil, pero para burlarse de ellas. Son cosas de las manis y del calor de los camaradas.
Los asistentes han tratado bien a los medios, pero la cosa va a cambiar. Varias televisiones topamos con un sujeto con afán de protagonismo. Con una pegatina en la cabeza, una bandera de España y un altavoz hecho con un cartón llama nuestra atención y grita sin parar: ¡Zapatero, cínico y trilero!, ¡Zetapé marchaté!, ¡Menos talante y ponte aquí delante!. Grabamos la escena como otra más, pero el cámara de TVE insiste un poco. Un ciudadano le espeta: "Deja de grabar, no grabes a los subnormales, graba a gente normal, manipulador". Quien esto dice lleva una bandera de España a modo de capa de Supermán, y la cara pintada con la bandera española. Lleva parte de razón, no obstante. El "flipao" no es lo más representativo de la manifestación, pero asusta que buena parte de quienes estaban a su alrededor no paran de jalear y reir sus gracias. Quizás debería el joven enfrentarse antes con sus compañeros de manifestación que con la prensa. Ante las imprecaciones, el cámara casi pierde los nervios. Conato de enfrentamiento que se resuelve sin más. El buen hombre sigue con sus gritos en busca de otro escuchante privilegiado.
Miro atrás, una marea humana baja por Serrano. A empezado a llover y el frío no hay quien lo aguante. Me largo a Colón, voy a enviar las imágenes y a esperar la llegada de la manifestación. Mi unidad móvil está al lado del coche de la COPE. Empiezo a escuchar cifras surrealistas.
Continuará.