Muchos manifestantes, mucha agua, mucho frío, mucha ira contenida, muchos gritos contra Zapatero, ninguno contra ETA. Así se vivió la manifestación desde dentro, en primera persona.
Me toca cubrir la manifestación de la AVT contra la política antiterrorista del Gobierno, la tercera en lo que va de año. Una manifestación que ha recibido el apoyo explícito del Partido Popular. Voy confiado en que el horario previsto se cumplirá. En todas las manifestaciones que convoca la derecha últimamente, la organización es muy buena. Mi compañero y yo vamos prevenidos de que habrá dos cabeceras, la primera con las víctimas del terrorismo y la segunda con empresarios y políticos amenazados. En ésta última se situarán todos los cargos del PP, entre ellos Aznar. El ex presidente, a su vez también víctima (para algunos dos veces) del terrorismo, quiso situarse en un plano discreto, y aunque al principio no quiso hablar con la prensa, al final de la manifestación hizo algunas declaraciones a EFE.
A los periodistas nos han dado dos acreditaciones, una de color rojo y otra verde. Cada una corresponde a una cabecera, de tal modo que si tienes la roja no puedes colocarte en el lugar destinado a la prensa en la otra cabecera. Yo me pongo la roja y mi compañero la verde. Ambos nos dirigimos, como comprobamos al poco tiempo, a la cabecera equivocada, pero o todos son daltónicos o en el fragor de la batalla nadie se entera.
Lo de batalla no es exageración. Un batallón de redactores, cámaras y foteros esperamos la aparición de algunas de las víctimas más conocidas (ya habréis concluido, pues, que me tocó la cabecera de las víctimas). Entre aplausos del respetable aparece en primera fila Francisco José Alcaraz, el presidente de la AVT. La organización trata de separarnos con un cordón mientras que nosotros intentamos captar la imagen del protagonista. Uno de los encargados de la seguridad trata de impedir nuestro trabajo sin ninguna razón aparente. Debe ser la reacción a una presumible y frustrada incapacidad de mandar en otros ámbitos más privados, así que, armado de un chaleco reflectante (la nueva versión de la conocida gorrilla) descarga una ira inusitada contra nosotros: gritos, empujones y amenazas. Sus compañeros tratan de calmarle con poco éxito: ¡Unai ha dicho un metro y medio! ¡Unai ha dicho un metro y medio!, le grita como un poseso a uno de sus colegas. A todo esto, y para que estén ustedes más informados, Unai es el responsable de prensa de la AVT, y me dicen que es hijo de Gotzone Mora, afiliada del PSE y de la AVT, amenazada por la banda terrorista, y crítica con su partido y con el Gobierno. El caso es que aquel sujeto que nos amenaza con rompernos la cara no se ha dado cuenta de que estamos a más de dos metros de la pancarta. Uno empieza creyendo que su miembro mide 25 cm., luego que un metro son dos metros y luego que 200.000 personas son 1.750.000, pero lo de las cifras ya lo contaré después. Se aleja, lo que facilita que negociemos con otros organizadores con más talante que Alcaraz se acerque para tomarle unas declaraciones. Acceden a nuestra petición y así nosotros podemos hacer nuestro trabajo y ellos pueden abrir la marcha sin tener que pegarse con nosotros. Pero falta una de las estrellas. Se abre un hueco y aparecen cuatro o cinco víctimas en un cochecito eléctrico para personas con minusvalía, entre ellas una joven afectada por el 11M e Irene Villa, reluciente con su eterna y hermosa sonrisa, que rápidamente accede a hablar con nosotros. Dos cosas me llaman la atención. Mira a los ojos de quién le habla, unos ojos muy profundos, y te argumenta las cosas sin apagar la sonrisa por muy duro que sea lo que esté contando. Lo otro que llama mi atención es que su carricoche, y el de las otras víctimas, están patrocinados. Ortopedia.com se puede leer en el frontal del vehículo. Aquí nadie da nada gratis.
17:30. Empieza la marcha con total puntualidad. Se inicia la guerra de las consignas. Continúa.