De camino me surgió la duda de si los miembros de Deep Purple serían tan antipáticos como Jacob Dylan, hijo de Bob, el último músico famoso que he entrevistado.
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Jacob resultó muy poco interesante. Típico pasota que odia a los periodistas y que se digna a hablarte desagradablemente sólo porque tu información le va a dar publicidad. Las estrellas tienen eso. Si das con uno así, la entrevista resulta frustante y sacas poco partido. Ése era mi miedo. Ése, y que seguramente tendría que hacer las preguntas en inglés, como se confirmó más tarde.
La imagen que tengo en la cabeza del cantante Ian Guillan, es la de 1970, así que 36 años después me iba a ser difícil reconocerle. Y así fue. Según entro en el hotel veo al representante de la Warner y a su lado a un tipo canoso.
- ¿Ese es Guillan? le pregunto. - No, es un periodista, me responde.
Vale, acabo de confundir a un compañero (por cierto, también mítico) de otra televisión con la voz de Deep Purple.
Minutos más tarde estamos ambos departiendo en la planta nueve del hotel. Nuestros cámaras montan el escenario. Se acerca el momento. Desafortunadamente nos avisan de que sólo nos recibirán dos de ellos: el bajista y fundador Roger Gloves, y el recién incorporado Don Airey, que ha sustituido a los teclados al otro fundador, Jon Lord.
Se abre la puerta de un ascensor, y ahí están. Parecen simpáticos, al fin y al cabo, son sólo dos personas normales.
Continúa.