La cita se produjo un año después. A Fernando le acompañaban esta vez otros famosos: Fonsi Nieto, Mikel Erentxun y un músico de los Hombres G. Nuestra misión: parar los pìes al bólido asturiano.
Antes de leer este capítulo pasa por los anteriores: Capítulo I y Capítulo II.
El partido de fútbol de la revancha se celebró también en Las Rozas, pero no en la Ciudad del Fútbol sino en un campo algo más modesto aunque muy cuidado. Nos conjuramos en el vestuario y salimos a por todas. Nosotros formábamos con un equipo muy similar al del año anterior. Entre los presentes algún presentador y una estrella emergente como pudimos comprobar ese día. Antonio Lobato, comentarista de los grandes premios que retransmite Telecinco se había convertido ya por entonces en un auténtico ¡boom! a rebufo de su paisano asturiano.
Colocados a la espera del pitido inicial, me di cuenta de que mi batalla no iba a ser con Alonso (al que en el partido anterior no pude parar en ninguna ocasión), sino Mikel Erentxun. El cantante iba a jugar de extremo derecho y yo, consciente de que intentar correr toda la banda como hice el partido anterior podía acabar conmigo en el minuto 1, decidí convertir una pequeña parcela de terreno propio, a la izquierda de la defensa, en un baluarte inexpugnable. Y así se vió desde el principio. Mientras unos intentaban parar (a veces con ciertos excesos) al chupón automovilista, yo me dediqué a parar las entradas de Erentxun por mi parcela. He de reconocer que me ayudó el hecho de que nunca me ha gustado la música de este tío, es más, su manera de cantar me da cierta grima. El hecho de que al lado de Alonso Mikel fuera un famoso de segunda fila también contribuyó a que creyera en el éxito de mi papel de cercenador de éxitos perentorios de cantantes maduros metidos a futbolistas.
No tocó un balón, ni siquiera uno cuya defensa acabó conmigo volteado y dolorido en el cesped. Futbolísticamente el tipo resultó brusco, algo tosco y luchador, pero a cada patada que me metía acompañaba un gesto amable, una palmadita en el hombro o un "¿estás bien?". Algo que no se le escuchó en ningún momento a Fernado Alonso, quien aparte de no jugar nada mal, reparte cera con bastante frecuencia.
El caso es que Alonso volvió a marcar. Pero sus goles no fueron suficientes. Ganó Informativos y se cumplió la venganza. Decepcionó Fonsi Nieto, un joven realmente pequeño y tímido. No mostró las ansias de victoria que Alonso derrocha en todo lo que hace. Supongo que por eso Alonso es campeón del mundo y Fonsi no. Eso sí, creo que yo cambiaría el campeonato por la novia del motero, que estuvo de espectadora.
Además, si juzgamos por los gritos de los niños que vieron el partido desde fuera del campo subidos a las gradas, el segundo triunfador después de Alonso no fueron ni Fonsi ni Mikel, sino Antonio Lobato, que tuvo que saludar desde el centro del campo al finalizar el encuentro (y no porque sea Maradona precisamente).
Alonso se fue cabreado como cabría esperar después de lo contado aquí. Los demás nos divertimos comiendo un piscolabis preparado para la ocasión en la que Fernando no participó. Además me llevé una gorra y una mochila de Playstation muy chulas.
En definitiva, muy soso el chaval, poco simpático, muy raro, pero tiene una obsesión en la cabeza: ganar y ser el mejor, y no se plantea que no pueda ser así. Por eso gana y es el mejor pese a quién pese. Mi amigo Ironicman dice en un comentario a su propio artículo que "Alonso ha sido un campeón ocasional y por “accidentes” de los demás no por victorias propias." Disiento. No sólo no es verdad esa afirmación, sino que además Alonso tiene "esa cosa" que hace a alguien estar predestinado para grandes hazañas. No lo puedo explicar pero yo lo sentí así. Este chaval transpira triunfo.